Peñíscola y las calas de la Sierra de Irta

Hay algunos viajes que te recuerdan a tu infancia más que otros. Peñíscola y la sierra de Irta son  síntoma y causa de esos recuerdos. Hay veces que el coche huele a playa, a salitre y a espetos antes de llegar a destino y este era uno de ellos. Llevaba sin pisar Peñíscola desde los siete años y no pude evitar ponerle remedio. Un trayecto de más de cinco horas en que aparecieron en el coche sombrillas, neveras y útiles de playa sin que yo las invitara.

Peñíscola, puntal del castillo frente a la playa
Peñiscola, puntal del castillo

Como muchos sabéis soy de Donosti, una ciudad con playas urbanas a las que llegas en cinco minutos con el pareo al hombro y un buen libro, no necesitas más. Pero sentirme como una dominguera asalta calas tampoco ha sido una mala experiencia. He descubierto la sombrilla (extraño paraguas gigante) como una gran amiga para siestas con la cabeza fría. Me hago mayor, supongo.

Primeras impresiones:

Llegamos a nuestro apartamento en pleno recinto fortificado. Si vais con coche y os alojáis en las inmediaciones del castillo, la zona del puerto es vuestra amiga para aparcar. La mayoría es zona de pago, pero hay un pequeño reducto gratuito junto al espigón que si tenéis suerte…

Playa de Peñíscola
Playa de Peñíscola vigilada por el castillo

Bajamos hasta la playa para tener una vista global del castillo, que gobierna desde su peñón elevado en medio del mar a todos los turistas, hoteles y chiringuitos que lo rodean. Peñíscola tiene dos playas, norte y sur. La más grande y conocida de las dos es tan extensa que cambia de municipio, llega a ser playa de Benicarló y playa de Vinaroz. La playa norte es más pequeña y da a la zona del puerto.

Si sois fans de Juego de Tronos (nosotras sí) pronto empezaréis a reconocer los lugares en los que Tyrion trama sus cosas de Tyrion. El castillo y el casco antiguo son de las localizaciones más reconocibles de la serie. Pero no solo de series vive esta antigua fortificación, de hecho, la historia del castillo del Papa Luna es de las más fascinantes y su visita, una de las más interesantes que he podido hacer. Un cisma, tres Papas, a cada cual más ambicioso, templarios, piratas, viajes astrales y escaleras del revés. Nada que envidiar a la ficción televisiva sin duda.

sierra de irta
Sierra de Irta, torre Badum y Peñíscola al fondo

La sierra de Irta:

Al día siguiente madrugamos para nuestro primer día de calas. Nos han recomendado mucho visitar el paraje natural de la Sierra de Irta y con razón. Las calas no tienen nada que ver con las playas de Peñíscola u otros pueblos de la zona. Son calas prácticamente vírgenes, a las que alguna gente se atreve a llegar haciendo senderismo. A 38º como estábamos yo no lo recomendaría pero quedan valientes.

La carretera que recorre la sierra no es muy cómoda, pero ofrece paisajes impresionantes. Apenas se ven edificios, en contraste con los paseos marítimos plagados de hoteles que dejamos atrás. Torre Badum, de origen musulmán, marca el comienzo de una serie de calas intercaladas con acantilados.

torre badum
Torre Badum sobre su acantilado. (Curiosidad, no tiene puerta, los vigías debían entrar por las ventanas a 6 metros de altura)

Las calas de la sierra de Irta.

En los dos días que nos dedicamos a recorrer la sierra visitamos varias calas, empezando por la que esta justo bajo la torre, cala Badum. Su acceso no es sencillo por lo que garantiza un entorno bastante tranquilo y además fue en la que más disfrutamos haciendo snorkel.

Las calas de Pebret y el Russo son las de más fácil acceso, se llega con el coche prácticamente hasta la arena por lo que toca compartir espacio con más gente. Si yo me sentía abrumada por llevar sombrilla, allí alucine con una familia que llevaba su propio gazebo playistico. Aun así Pebret es preciosa y merece mucho la pena para pasar el día.

Seguida está Playa Irta es de las más pequeñas de la zona y su arena es más bien guijarro. Eso sí, cada día a la vuelta de la sierra, vuestro pobre coche será una montaña de arena y polvo con ruedas.

El faro de peñiscola desde el castillo
El faro de Peñíscola desde el castillo

Peñíscola:

Peñíscola es un pueblo de turismo muy familiar, no faltan los cachivaches y atracciones para niños en el puerto, la música en directo en la plaza de armas y los restaurantes y hoteles familiares. Si, como nosotras, no te sientes muy identificado con ese ambiente tampoco pasa nada. La zona del casco antiguo tiene opciones para todos los gustos.

Además de la visita al castillo del Papa Luna, pasear por sus calles es un gusto. Visitar la famosa casa de las conchas, el faro o el bufador. Este curioso hueco en las rocas que sustentan la ciudad nos permiten escuchar la marea resoplando si las aguas están tranquilas. Si están bravas creo que lo mejor sería alejarse o acabarás empapado pero, generalmente, la terraza del Samarucs es un buen lugar para tomar unas cervecitas y relajarse oyendo el mar. Cerca del faro, podéis probar Badum, la cerveza artesana de la zona, en un local con el mismo nombre.

Peñiscola calles
La calle sobre el bufador, el buen vermut del abuelo al fondo

Comer y beber

Si sois fans del vermut y el aperitivo antes de comer no os perdáis Casa Lucio, con su famoso vermut casero del abuelo. Solo o acompañado de una ración de mejillones es una delicia. Para comer nos conquista Chiqui, con su restaurante familiar. Sus arroces son una maravilla, repetir hasta acabar la bandeja. Unas navajas y gambas rojas de entrante que te chupas los dedos. Al día siguiente volvemos a probar la fideua, también exquisita.

Para cenar de tapas Ca Manolo es la respuesta. Paseando por el casco encontraréis Brizza, una heladería/pizzería que seguro que os sonará de la serie aquella de “El chiringuito de Pepe“. Bien, el entorno de la terraza es maravilloso, sentaros a tomar una cerveza pero, si queréis una pizza deliciosa adentraros más en el casco hasta La Lanterna. Maravilla. Para acabar el día un mojito en la terraza de la Torre, en plena muralla.

iglesia y castillo de peñiscola
Parroquia De Nuestra Señora Del Socorro y castillo de Peñíscola

El castillo del Papa Luna.

En verano podéis visitar el castillo durante todo el día. Se accede desde la plaza de la iglesia, donde veréis al Papa Luna enfadado junto a la muralla. La visita cuesta cinco euros merece mucho la pena. Sobre todo si la hacéis mientras la gente está en la playa y podéis disfrutar como críos de las historias que la guía os va a contar. En nuestro pase apenas éramos ocho personas, todos alucinando con la cantidad de anécdotas y curiosidades que nos contaban. Sobre todo con el extravagante Papa que habitó el castillo. Spoiler alert: viajaba de Peníscola a Roma en una noche. O eso creía él.

Jardines Castillo Peñíscola
Jardines del Castillo

A los jardines no pudimos pasar, solo verlos desde el patio de armas. Deben ser una de las visitas más bonitas que hacer para ser una autentica Kaleshi de la vida.

Llega el momento de marchar y nos despedimos de la playa y el castillo con la seguridad de que los veremos de nuevo. ¡Y esperamos no volver a tardar 24 años!

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Ir arriba
A %d blogueros les gusta esto: