Dordoña: los pueblos y castillos más bellos del valle.

El valle del Loira es, posiblemente, el más famoso de Francia. Seguro que muchos habéis disfrutado de sus cientos de castillos y sus preciosos pueblos pero, muy cerquita de España, el país vecino tiene otro valle igual de encantador que tener en cuenta: el valle del Dordoña.

La región de Dordogne-Perigord tiene más de 150 pueblos catalogados como  con el distintivo de  “pueblos bellos” de Francia, además de cientos de chateaux medievales y un rico pasado prehistórico que hacen de este valle un lugar perfecto para perderse. Como le pasa al Loira hay tanto que ver que resulta prácticamente inabarcable, cada rincón, cada esquina, cada curva de la carretera o meandro de río esconde una sorpresa, un lugar en el que pasar un rato.

 

Dordoña
El Dordoña librándose de una nube molesta

Por eso para este viaje intentamos en la medida de lo posible planificarnos bien lo imprescindible y, luego, permitirnos un poco de aventura al ir conduciendo. Si un lugar te gusta, para. Si un camino te apetece más que el otro, gira. Es imposible que algo te decepcione aquí.

Nuestro “centro de operaciones” fue los primeros días Périgueux para la zona del Perigord blanco y Sarlat-la-caneda para la zona sur o Perigord Negro. Posiblemente Sarlat-la-caneda sea uno de los pueblos más bellos en los que haya tenido el placer de estar. Desde allí cada día cogíamos el coche dispuestas a descubrir el rico pasado de la región y delicioso presente. Porque, sí, en Dordoña también se come de lujo.

 

Beynac-et-Cazenac

 

Beynac-et-Cazenac
El castillo entre la niebla, una ya ve que el ascenso será duro

Una de esas paradas que considero imprescindibles en este paseo por el Dordoña. Beynac es un pueblo medieval que parece sacado de un cuento. A solo 10 kilómetros de Sarlat, Beynac-et-Cazenac nos recibe desde la carretera con su imponente castillo sobre una cumbre. A nosotras nos recibió envuelto en la niebla haciéndolo, si cabe, más impresionante.

 

Castillo de Beynac
El chateau ante el mar de niebla

El pueblo de Beynac tiene una historia más antigua que su castillo pero este fue el que le dio relevancia en el valle desde su construcción en el siglo IX. Era muy importante para el señor de Beynac controlar todo el Dordoña desde las alturas y, sobre todo, defenderse de los pueblos del norte. Más adelante, durante de la Guerra de los Cien Años, cuando el río Dordoña servía de frontera entre Francia e Inglaterra, el chateau de Beynac estuvo en batalla constante con su vecino, el chateau de Castelnaud (que visitaremos después), separados por muy pocos kilómetros.

 

Calles de Beynac
Calles de Beynac-et-Cazenac, para endurecer glúteo

Este castillo (y todo el pueblo) es una de las joyas de la arquitectura medieval, no solo de la zona, también de Francia. Su conservación es excelente como si alguien hubiera parado el tiempo en Beynac-et-Cazenac y pudiéramos dar un paseo por el siglo XII sin despeinarnos.

 

Castelnaud-la-Chapelle

 

Chateau de Castelnaud
Exterior de Castelnaud

El primo hermano de Beynac, se alza al otro lado del Dordoña en una colina un poco menos alta que la de su vecino y su pueblo también es una villa medieval catalogada como uno de los pueblos más bonitos de Francia. Sus empinadas calles nos llevan hasta un castillo ahora reconvertido en Museo de la Guerra de la Edad Media.

 

Beynac-Castenaud
Beynac desde Castenaud, ahí, provocando.

Debo decir que esto le da un cierto aire de parque temático que Beynac no tiene. Puede que las diversas guerras, cambios de propietario y ataques que Castelnaud ha sufrido a lo largo de los siglos lo hayan conservado peor que a su vecino. Las armas y ropajes que en el se exponen no son todas de la región, lo que hace un poco confuso el interior. He de confesar que lo que más me flipó de este chateau fueron las armas de asalto. El patio de Castelnaud está organizado como si el castillo estuviera en situación de asedio, con todas sus impresionantes catapultas listas para disparar a los atacantes.

Dependiendo de la época del año, encontrareis figurantes ataviados con ropas medievales que explican como se usa cada arma y como los habitantes de Castelnaud daban guerra a los de Beynac y viceversa. Desde luego, si vais con niños, la visita la hacen muy entretenida y tienen diversas actividades para ayudarles a entender el contexto histórico y como era la vida en el medievo.

La Roque-Gageac

 

La Roque Gageac
Calle principal de La Roque Gageac, junto al Dordoña.

 

La Roque, así abreviando en confianza, es un pueblo que te llama la atención desde la carretera aunque no quieras. Pegado a la linde del río aparecen en forma de hilera, dos filas de casas en dos alturas perfectas bajo un acantilado. Ya. Pues ¿qué vas a hacer? Pues te paras.

El acantilado rocoso bajo el que se erigió el pueblo medieval ya sirvió de casa a los hombres prehistóricos. Se pueden ver (desde abajo, no os emocionéis) algunas de las grutas que los primeros hombres del Dordoña ocuparon y es que, a fin de cuentas, no estamos lejos de otros emplazamientos prehistóricos relevantes como Lascaux.

 

La Roque Gageac
Casa torre en La Roque Gageac (arriba se pueden ver vestigios apuntalados de las grutas)

Como los dos pueblecitos anteriores, La Roque-Gageac está compuesto por callecitas empinadas y empedradas típicas medievales, casitas de piedra, alguna casa torre, un chateau y muchos tejados en punta. En temporada alta, las gabarras (grandes barcazas) navegan por el Dordoña en un recorrido que te lleva a visitar pueblos cercanos, también de esos de los más bonitos de Francia. Empezamos a pensar que es que aquí en Dordoña-Perigord no los hay feos.

Jardines de Marqueyssac

Conocidos en el valle como el “Balcón a la Dordogne” estos jardines colgantes son unos de los jardines románticos más bonitos de toda Francia. El acceso es por otra de esas cuestas que nos están haciendo acordarnos de los concejales de urbanismo medievales, pero la “escalada” merece la pena.

Realmente Marqueyssac domina el río y, desde su mirador, podemos reconocer perfectamente Beynac y La Roque-Gageac. Es una delicia pasear entre sus cientos de bojes perfectamente recortados, aunque tened en cuenta que la visita puede ser larga. Son más de 6 kilómetros de jardines, más el chateau. Este es, a diferencia de sus primos medievales del valle, más lujoso. Con un interiorismo conservado perfectamente desde 1880.

Domme

 

Domme
Casitas dentro de la bastida de Domme. Una se vende ¿me compráis?

La bastida de la Dordoña. Domme no cuenta con un castillo para defenderse porque todo el pueblo es un castillo con el que defenderse. El pequeño Domme está situado en una cumbre y rodeado de murallas imponentes, con cuatro puertas que en su día serían infranqueables. Construido en 1281, Domme jugó un papel esencial en la Guerra de los Cien Años, siendo uno de los puntos clave de la defensa del valle.

 

Domme

 

Además de cuestas infinitas y un enorme mirador sobre el río junto a su iglesia, Domme esconde un secreto. Bueno, no es tan secreto. En plena plaza principal encontramos el acceso a una de las cuevas naturales más grandes de la región, una gruta plagada de estalactitas y estalagmitas, como si fuera un jardín de columnas de otro planeta.

 

Limeuil

Limeuil, se sitúa en la confluencia entre los ríos Vezere y Dordoña y esto, como a La Roque, le hace tener una gran tradición de gabarras, usadas desde la antigüedad para transportar mercancías.

Lo primero que nos llama la atención de Limeul (porque este no estaba en la ruta de imprescindibles) fueron sus puentes, prácticamente haciendo esquina. La parada mereció la pena, pues pudimos disfrutar del pueblo casi en la total soledad.

Muy cerca de Limeuil, siguiendo la vereda del Vezere encontramos la gruta de Proumeyssac, conocida como la Catedral de Cristal. Nosotras no pudimos acceder, pues llegamos tarde al último pase, pero queda anotada para otra visita. Nos contaron (para ponernos los dientes largos) que la cueva es todo un espectáculo y que, además, puedes hacer una bajada panorámica a un abismo a más de 50 de metros. Me muero. No sé vosotros pero yo NECESITO entrar a ese agujero del infierno antes de morir.

Bergerac

Bergerac es un pueblo curioso, empeñado en rendir homenaje al Cyrano que lleva su nombre en el apellido pero que nunca pisó el lugar. Sí. Lo primero que te dicen al llegar al Bergerac es que Cyrano de Bergerac, o Savien Cyrano, en quien se inspiró el personaje, no nació allí, ni vivió allí, ni respiró su aire pero, oye, dos estatuas le hemos hecho.

Bergerac luce orgulloso su sello de Ciudades y Regiones de Arte e Historia (supongo que celoso al no tener el de pueblo más bello de Francia como los demás) también a orillas del Dordoña, pero allí lo que realmente les gusta es el vino. Región de gran tradición vinícola su Maisons du Vin de Bergerac es una visita imprescindible. En ella podrás saberlo todo sobre sus más de 13 denominaciones de origen, probar alguna y disfrutar de un entorno único: una preciosa casona del siglo XVII, con su claustro de madera.

 

A tener en cuenta.

Precios

(Precios de 2017)

  • Beynac-et-Cazenac – 9€
  • Castelnaud-la-Chapelle – 9,6€ – Hay visita guiada en francés e inglés muy recomendable si vais con niños, pues es muy historiada.
  • Jardines de Marqueyssac – 8,80€ – En Castelnaud te ofrecen la entrada combinada castillo+jardines, que te rebaja un par de euros. No es que sea un ahorro brutal pero menos da una piedra.
  • Cueva de Domme – 8,50 €
  • Cueva de Proumeyssac – 9,90€ entrada normal – 18€ entrada con acceso al abismo. ¿Cuál elegir? OBVIO.

El coche ¿dónde aparcar en los pueblos del Dordoña?

Creo que esta zona es casi imposible de visitar sin coche. Al menos no parece que pueda haber un transporte público que una todos estos pueblos de forma eficaz para aprovechar el tiempo al máximo.

Lo que debéis tener en cuenta es que, como en casi toda Francia, aparcar no es gratis. Estos pequeños además se nutren y se mantienen gracias a sus visitantes y para ellos toda ayuda es poca. Cada pueblo y castillo tiene habilitado su parking y en todos encontrarás una señal parecida: tus 2€ (o 3, depende del lugar) ayudan al pueblo a mantener su historia y su encanto. Así que preparad las monedas 😉

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