Carcassonne, magia medieval

Hay lugares en el mundo que gozan de un encanto especial y, sin duda, Carcassonne es uno de ellos. Al sur de Francia, a medio camino entre Toulouse y Perpignan se encuentra esta ciudad fortificada que tiene el honor de ser la más grande conservada en Europa (Patrimonio de la Unesco).

Es lo primero que llama la atención al llegar a la ciudad, desde donde dejamos la furgoneta, al otro lado del puente viejo, se nos aparece imponente la Cité.

Carcassonne
Impresive.

Carcassonne se divide en varias zonas que nos disponemos a explorar en nuestro día en la ciudad. Sin duda la más impresionante y conocida es la ciudad fortificada, pero también es la más masificada. No está de más darse un paseo por los alrededores para admirarla desde fuera y sentir un poco de tranquilidad, en otras zonas apenas hay turistas.

La Bastide, la zona nueva de la ciudad:

Así es como llaman los locales a la parte no fortificada, sin duda la parte menos conocida de la ciudad. Visitamos esta zona antes de adentrarnos en la fortaleza, pues pensamos que podría ser francamente decepcionante hacerlo después. La Bastide – Sant Lois se parece mucho a otras zonas del sur de Francia, una ciudad tranquila, cuidada, articulada en torno a una plaza en la que nos recibe un pequeño mercado de verduras. Un amable vecino nos cuenta que los bonitos boulevares que la rodean se construyeron sobre los antiguos fosos defensivos de la Carcassone medieval.

Nos sorprende el canal du Midi, del que os hablaré en otro post, pues decidimos seguir su ruta hacia en interior en nuestra vuelta a casa. Una obra de ingeniería que merece la pena visitar en algún momento, sin duda.

Vuelta al puente viejo, no podemos disimular las ganas de cruzarlo. Desde que llegamos teníamos ansia de cruzar las murallas de la fortaleza, pasear por sus calles empedradas, asaltar el castillo… ¿por qué no? Cada uno cuando viaja (juega) como quiere 😀

Puente viejo de Carcassonne

La cité, la Carcassonne más medieval:

No defrauda. Cruzar la enorme puerta Narbona es trasladarse a otro universo. Oímos a un niño decir que estaba en un cuento y asentimos como idiotas. Nos damos cuenta de que cruzamos no uno, sino dos círculos defensivos de murallas. No en vano Carcassonne estaba considerada inexpugnable, ni más ni menos que 52 torres y 3 kilómetros de muralla nos defienden. We´re safe.

Comenzamos a callejear, parándonos en cada tienda o puestecillo. Un peligro de mercado de artesanías y productos gastronómicos te tienta en cada esquina. Caemos con casi todo, nivel, deseamos comprar el juego de mesa de la ciudad. Por si no lo conocéis es una especie de Catan, con sus expansiones y todo.

Son jabones, no se comen :(
Son jabones, no se comen 🙁

Siempre te pasan cosas” me dice una amiga cada vez que le cuento alguna aventura de un viaje.  A todos nos pasan cosas, pero es verdad que a mi me gusta contar las pequeñas cosas como si fueran épicas. En Amsterdam, un puente levadizo cayó sobre el barco que cruzaba por debajo. No pasó nada pero el barco se llevó un coscorrón.

Carcassonne decidió quemarse. En cuanto vimos el humo negro subimos, a una de las murallas para sentirnos como en un asedio. Por si os lo preguntáis, fue la cocina de un hotel, no hubo heridos ni daños materiales graves, así que pudimos jugar a ser medievales sin cargo de conciencia.

carcassonne-se-quema
Chan, chan, chan, chan, chan, chan, chan, chan, chaaaaaaan!

Basílica de Saint-Nazaire

Una vez pasada la euforia de estar en Juego de Tronos volvemos a centrarnos y dejamos las almenas para encontrarnos con la basílica de Saint-Nazaire. Esta impresionante iglesia románica sufrió muchas remodelaciones a lo largo de la historia. De hecho, su aspecto poco tiene que ver con el original debido a una restauración en el siglo XIX de un viejo conocido nuestro. Violett-Le Duc. Este señor era nuestro gran enemigo en las clases de historia del arte pues sus restauraciones por toda Francia complicaban cualquier examen.

Le Duc era muy dado a añadir elementos arquitectónicos que él consideraba canónicos (en este caso medievales, pinácilos, torreones, gárgolas) a todas las restauraciones que hacía. Un gran ejemplo de esta corriente se da también en Notre Dame de París, donde fue restaurador principal.

Basilica Saint-Nazaire en Notre Dame.

El castillo condal y sus murallas. 

El castillo se puede recorrer entero y subir a sus torres, que ofrecen una vista muy diferente de la ciudad, tanto de la parte más moderna como de la cité. Dentro alberga un museo lapidario (sí, de lápidas) con piezas principalmente medievales. Es otra de esas restauraciones locas de Le Duc, al parecer tanto el castillo como las murallas estaban seriamente deteriorados a principios de 1800. Tanto que incluso se consideró su demolición.

Sin embargo, el romanticismo estaba en pleno auge y con él, el aprecio por lo medieval, sus construcciones y estética de cuento. Gracias a esto se encarga la restauración del conjunto a Violet Le Duc en 1844, una de las más controvertidas de su carrera. Al parecer, Violet, además de añadir los elementos que el considera propios e indispensables, utilizó materiales de otras zonas de Francia (estaba acostumbrado a trabajar en el norte del país y siguió con su rollo) lo cual no gustó demasiado a las autoridades.

Aun con todo, gracias a su polémica restauración, podemos disfrutar de una ciudades más especiales de Francia.

carcassonne castillo
Una de las 9 torres que forman la defensa del castillo

La entrada al castillo cuesta 9€ y podéis comprarla en su página web. También en taquilla pero puede haber un poco de cola.

Salimos del castillo y demás un último paseo por las calles de la cité antes de marchar. Empieza a oscurecer y aun nos queda camino hasta donde nos hospedamos. Aunque la idea de este viaje era ver Carcassonne no pudimos encontrar un alojamiento asequible en la ciudad (Semana Santa, poca previsión…) así que estamos un poco alejados pero esto nos permitirá visitar otras zonas cercanas como Lastours.

Volvemos a cruzar el puente viejo para volver a nuestro coche y echamos un último vistazo. La fortaleza nos vuelve a abrumar como a la llegada.

Vistas desde el castillo
Vistas desde el castillo

Info práctica:

Aparcar en Carcassone:

Como pequeña recomendación, si dejáis el coche al otro lado del puente viejo hay varios aparcamientos gratuitos. Desde allí solo hay que caminar unos 12 minutos. A los pies de las murallas de la cité hay parkings pero son bastante caros.

¿Dónde comer?

El cassoulet es la comida típica de la zona, un guiso de alubia blanca en este caso con delicioso pato. Lo sirven en casi todos los restaurantes. Nosotros comimos en el Auberge des Ducs d’Oc bastante cerca de la iglesia, un menú de unos 16 euros. Tened en cuenta que dentro de la ciudadela todo es más caro de lo normal, impuesto medieval.

De postre un impresionante helado en L’Art Gourmand.

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